¿Pero qué son exactamente los recursos intangibles? Aunque no existe una definición común, los criterios básicos de los activos intangibles son: ausencia de sustancia física, existencia de incertidumbre en cuanto al valor de beneficios futuros, y, a diferencia clara con los recursos materiales, son bienes susceptibles de uso sin merma de su valor.
Una de las iniciativas con mejor aceptación para la valorización del capital intangible es el informe de la Unión Europea (UE): “Directrices para la Gestión y Difusión de la Información sobre Intangibles” (Proyecto Meritum financiado por la UE, difundido por la Fundación Airtel móvil en el 2002).
En este informe el modelo que se propone para la gestión de los intangibles consiste en tres fases:
- 1. Identificación de los intangibles
Consiste en la identificación de objetivos estratégicos de la empresa y la vinculación de estos objetivos a intangibles propios o que se quieren desarrollar.
Ejemplos de intangibles pueden ser: la capacidad de adaptación a los cambios en el mercado, el compromiso con los recursos humanos, la capacidad de innovación, o la existencia de un enfoque hacia el cliente.
La empresa necesita definir indicadores específicos que sirvan para la medición aproximada de cada intangible. En el informe del proyecto Meritum se detallan ejemplos prácticos muy interesantes sobre los indicadores que se pueden utilizar para cada uno de los activos intangibles.
Constituye la culminación del proceso de implantación de un sistema de gestión del capital intelectual en la empresa. En esta fase se evalúa la situación de los intangibles, identificando fortalezas y debilidades.
Un ejemplo práctico de medición de intangibles para el sector biotecnológico se encuentra en el último informe de Genoma España (“Relevancia de la Biotecnología en España”, 2011) que analiza la información cuantitativa y cualitativa sobre intangibles de una muestra de 49 empresas biotecnológicas (según los datos de Cuentas anuales publicados y las páginas web corporativas de las empresas). Los recursos intangibles se dividen en tres categorías: capital humano (conocimientos, habilidades, destrezas y experiencias del personal), capital estructural (conocimientos que han pasado de las personas a las estructuras de la organización) y capital relacional (intangibles ligados a las relaciones externas de la empresa).
El informe detecta que existe un importante déficit de información sobre intangibles en aspectos como capital humano, desarrollo de proyectos de I+D o alianzas tecnológicas. Y el recurso sobre el que menos se informa: el relativo a los proveedores.
No es sorprendente que los activos intangibles se sitúen en el centro de atención de las empresas biotecnológicas, cuyo valor está muy por encima de sus recursos físicos, aunque aún son escasas las iniciativas de valorización contrastables con el mercado. La medición del capital intelectual y la gestión del conocimiento serán, por tanto, aspectos a tener en cuenta en el futuro de la empresa biotecnológica española.